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Descripción

En 1962, Aldo Van Eyck defendía que la ciudad debía incorporar una red de “aparatos lúdicos” integrados en el mobiliario urbano, entendiendo el juego infantil como una necesidad estructural, no residual. Sus áreas de juego no pertenecían solo a los niños, sino que constituían espacios para todos. Esta reflexión sirve de punto de partida para replantear Conde Duque desde la mirada infantil: olvidar su condición de edificio y descubrirlo como un paisaje inmenso, un bosque rítmico de pilares y arcos.

El proyecto propone insertar “un lugar dentro de otro lugar”: un paisaje interior que, aprovechando la repetición geométrica existente, se introduce para tensarla y singularizarla. #iseefaces ocupa el espacio entre arcos y suelo sin tocar la arquitectura ni interferir en la circulación. Como un molde rellenado, una pieza en cruz formada por dos cilindros intersecados solidifica el vacío, apoyándose solo en cuatro puntos alineados con los pilares. Elevada ligeramente del suelo, marca el umbral entre el mundo adulto y el infantil.

La construcción, autoportante y prefabricada en cuarenta piezas, permite un montaje rápido y seco. Exteriormente es una cáscara metálica blanca, fría y discreta; interiormente, un espacio amarillo, blando y acogedor que activa los sentidos por contraste. Su esquema en cruz genera cuatro brazos versátiles, articulados mediante volúmenes blandos y coloridos que posibilitan múltiples configuraciones.

Más que un objeto, es un soporte para la imaginación y el aprendizaje: un pequeño Conde Duque donde jugar, escuchar cuentos, ver cine o asistir a espectáculos. Un mundo autónomo que los niños habitan plenamente, mientras los adultos observan desde fuera con asombro y nostalgia.

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